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02-05-2016 / Oscar Fay

“Nos espera un mundo fantástico, soy racionalmente optimista”

El reconocido bioquímico señaló claros indicios de los avances en materia de ciencia y medicina, y cómo repercutirán en la sociedad. Su visión sobre los cambios en la calidad y la expectativa de vida.


Ignacio Negri
redaccion@miradorprovincial.com

Oscar Fay es sin lugar a duda una de las voces más autorizadas para hablar de ciencia en nuestro país. Entre barrio, pasión y ciencia, el reconocido bioquímico rosarino lograr explicar de manera simple, aspectos muy complejos que inciden e incidirán notoriamente en la calidad de vida de nuestros hijos y nietos.
De participación activa en el desarrollo de la vacuna recombinante para el virus de la Hepatitis B y en avances en las investigaciones sobre el virus del SIDA, el director del laboratorio CIBIC, dialogó con Mirador Provincial sobre los logros y fracasos de la ciencia, entrecruzando pronósticos de lo que puede llegar a ser la “medicina del futuro”.
—¿Por qué momento científico está pasando el mundo?
—Somos conscientes de que hay un gran movimiento del punto de vista científico donde algunos paradigmas van a cambiar. Me refiero a verdades incontrovertibles que se vienen transmitiendo desde hace mucho tiempo, que pueden modificarse en función a algunas herramientas que ya están disponibles. Cuando digo que pueden cambiar, me gusta hablar en tiempos lógicos que oscilan entre los 30 y 40 años. Los cambios culturales profundos, como dicen los antropólogos, ocurren cada 30 ó 40 años y en general cuando tres generaciones (abuelo, padre e hijo) participan en una discusión productiva para cambiar las cosas.
—¿Qué mundo vamos a tener?
—Nos espera un mundo fantástico. Soy racionalmente optimista. El homo sapiens aparece en el planeta por evolución en África Oriental hace 200 mil años. Cognitivamente empezó a comunicarse y empezó a hablar lenguaje ficticio, y allí comienza su historia y se extiende fuera de África hace 70 mil años en el marco de los 13.500 millones de años que tiene el planeta. La ciencia tiene aproximadamente 500 años, se la puede asimilar con el viaje de Colón a América cuando definitivamente se cierra el mundo y se hace global. Los últimos 200 años han mostrado el desarrollo del conocimiento científico, que sin duda potenció y alentó el crecimiento productivo, en términos generales, con un notable beneficio para la calidad de vida. Cuando termina la Segunda Guerra Mundial, empiezan a usarse los antibióticos, son algo más de 50 años, no es nada. Pero hoy aprendimos que en ese tiempo, las bacterias pudieron sobrevivir, a pesar de la gran variedad de antibióticos diferentes, gracias a desarrollar una enorme capacidad de generar mutaciones. Quedan pocas fábricas de antibióticos en la industria farmacéutica que sigan desarrollándolos porque, con el paso del tiempo, quizá, sólo se usen unos pocos o se use otra estrategia para combatir bacterias y no haya más antibióticos.
—¿Cómo que no va a haber más antibióticos?
—Y no, porque ya le enseñamos a la bacteria a defenderse, y la estrategia de usar antibióticos para eliminarlas, hay que cambiarla por otra diferente, quizá frenando sus mutaciones. Eso lo resolverá el conocimiento científico, seguramente.
—¿Cómo es eso?
—Con todo lo que avanzamos y las agresiones que les hicimos en estos 50 años, las bacterias ya generan reacciones muy rápidamente. Ya se dieron cuenta de cómo las estamos corriendo. Generaron un cambio estructural que les permite hacer mutaciones en forma muy veloz y ya tienen aceitada sus estrategias de defensa, con lo que ante esa respuesta, los antibióticos comienzan a perder su efecto.

Un camino reciente
—¿A cuándo se remonta este cambio de paradigma?
—Cuando en 2000 dijimos “se decodificó el genoma humano”, muchos pensamos que estaba todo resuelto: se generarían modelos vivientes en un tubo de ensayo, casi a “gusto del consumidor” (ojos celestes, determinada talla y peso, sexo, rubios, morenos, inmortales, etc.). Diez años después publiqué una editorial en un diario, hablando de la arrogancia que tuvimos cuando manifestamos eso. Ignorábamos que para que se exprese toda la información genómica que poseemos al momento de la gestación (primer genoma, aportado por papa y mamá), existe el hoy llamado “segundo genoma”, que no es otra cosa que todo el “ecosistema molecular que rodea a esa célula pluripotencial”. Dichas moléculas poseen capacidad de acelerar, detener, alternar, anular, potenciar, modificar estructuras, cambiar posiciones espaciales, etc., etc., es decir influenciar en la calidad y cantidad del uso de la información contenida en el primer genoma, lo que determinará la verdadera expresión final de esa información. Ese es precisamente el segundo genoma, del cual no habíamos hablado nunca, el que dio lugar a pensar en algo mucho más profundo y más extenso, que influencia definitivamente en la expresión final del primer genoma de cualquier ser vivo (las ciencias ómicas). Por ejemplo, hoy estamos mirando con detenimiento a la presencia e influencia en ese particular micro-ecosistema, de las bacterias que transportamos en nuestro organismo. Lo que hoy constituye “el microbioma”.
—¿Quien la maneja a esa información?
—El factor más accesible de estudiar hoy, y gran candidato a generar influencia en la expresión génica, son las bacterias. En nuestro cuerpo hay entre 8 y 10 bacterias por cada célula humana. Somos seres vivientes gracias a esas bacterias, a todas las que trabajan en nuestro organismo, haciendo quizá “el trabajo más fino y preciso” para el máximo aprovechamiento de todas las moléculas que entran en nuestro organismo. Se estima que el organismo humano alberga unos 100 billones (millones de millones) de microorganismos. Esas bacterias son muy distintas en cantidad y calidad, por eso, podemos asimilar o no determinado tipo de alimento, dormir una determinada cantidad de horas, tener determinado tipo de conductas, etc. Convivimos con un “microbioma, un microclima”, que pensamos que tiene enorme influencia en todas las etapas de nuestra vida. Esos microbiomas son “unos de los dueños de nuestro organismo”. El hombre posee cuatro conglomerados o microbiomas, en la piel, en la boca, el tracto respiratorio, y en el intestino. La mujer posee uno más, en la vagina. Cada individuo posee una composición determinada en sus microbiomas, dependiente de lo que ingiere, donde vive, la propia estructura de su primer genoma, su edad, etc.

Las bacterias que curan
—¿Desde la ciencia, hay manera de controlar esas bacterias?
—Sí, incluso habrá posibilidades de cambiarlas, modificar la composición de cada microbioma.
—¿Esto es lo que se conoce como medicina de precisión?
—Es parte de lo que uno conoce como medicina de precisión. Es uno de los componentes a estudiar. Por ejemplo, se sabe hoy que el 15% de la población global tiene algún gen vinculado a la celiaquía, una determinada cantidad de personas que tiene posibilidades de ser celíacos. Esa información existe en nuestros genes pero se expresa como anormalidad a través de determinadas bacterias, en un porcentaje poblacional mucho menor. La diferencia está dada por la presencia o no de determinadas bacterias que frenan o aceleran la expresión de los genes que producen la enfermedad.
Si en algún momento pudiésemos disponer de la composición “aceptable” del microbioma de una determinada persona, para que le funcione bien, por ejemplo, su intestino, en el lugar en que vive, se podría corregir desviaciones de la composición bacteriana, como para corregir anormalidades, modificando la presencia o ausencia de algunos de esos microorganismos.
—¿Pero cuando regulen eso, no habrá más enfermedades?
—No, originadas desde ese punto de vista. Yo estoy hablando de enfermedades génicas que tengan una
impresión vinculada al microbioma. Enfermedades que tienen que ver con lo metabólico. Hablo de hipertensión, diabetes, celiaquía, quizá autismo, inflamación intestinal crónica y de muchas otras muy comunes.
—Hay una enfermedad muy común que se sufre en estos tiempos. Estoy hablando del estrés ¿Hay posibilidades que también pueda combatirse de esta manera?
—Supongamos que son aminoácidos cuaternarios los que produzcan que el cerebro, en determinadas condiciones, no genere la cantidad necesaria de dopamina que uno necesita para estar calmo o manejarse dentro de la normalidad. Eso te genera un estado de nerviosismo y de ansiedad. Supongamos que el disparador sea esta molécula aminocuaternaria. ¿Quién la produce o estimula su síntesis? Una determinada bacteria?. Entonces, si yo tengo la posibilidad de estudiar dónde está esa bacteria, podría pensar que el estrés, o el propio autismo es una consecuencia que depende de la composición bacteriana para que se exprese. Si aprendemos a diagnosticar este tipo de enfermedades, habrá una farmacia que maneje medicamentos a la carta para ese paciente particular, modificando o cambiando, anulando o reemplazando esa bacteria por otra. Serán entonces diseñados medicamentos en calidad y cantidad adecuada para ese paciente específico.

Expectativa de vida y medicina cara
Frente a una eminencia como Fay, resulta inevitable preguntar hasta dónde los avances científicos prometen una mayor expectativa de vida. La respuesta es contundente.
“La expectativa de vida se extendió tanto que, por ejemplo, al 2012 Argentina tenía unas 3.000 personas superando los 100 años. Se calcula que alrededor de 2020, la cifra de personas que superen los 100 años será de 30.000. De todas formas y más allá de los avances, la medicina de vanguardia sigue siendo muy cara, tiene demasiadas inequidades. Está muy vinculada a los poderes adquisitivos. Esperemos que ésta tan alta especificidad y puntualidad para atender enfermedades que señalé, permita una racional producción de medicamentos más eficientes, evitando la gran proporcionalidad de fabricar aquellos que no son útiles o se usan en concentraciones inadecuadas.

Algunos de sus logros
Fue el creador del Centro de Tecnología en Salud Pública, en la UNR, que a su vez fue designado como Centro Colaborador para las Américas en Hepatitis Virales desde 1984, por la Organización Mundial de la Salud y la Oficina Sanitaria Panamericana.
Integró como director y coordinador el Área Latinoamericana el Comité Internacional del Programa de Vacunación para la Erradicación de la Hepatitis Viral B, de la Organización Mundial de la Salud. Fue Canciller por América Latina en la Sociedad Internacional de Hepatología.
Trabajó desde el inicio de la aparición de las infecciones por VIH en América Latina, especialmente en la transferencia de tecnología y la prevención, y particularmente en el Cono Sur.
Fundó el COPRES, Comité Intergubernamental de Prevención del SIDA en Rosario, en 1986, en el ámbito de la Universidad de Rosario.

Ciudadano Distinguido
Por su labor, dedicación y desempeño, el Concejo Municipal de la ciudad de Rosario declaró hace tres años a Oscar Fay como Ciudadano Distinguido en el campo de las Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas, por su historia de vida como un “ejemplo de dedicación, esfuerzo, contribución a la sociedad, desarrollo personal y profesional”. “Soy ante todo un agradecido porque siempre tuve posibilidades, eso de elegir, luchar y trabajar para mejorar lo que uno hace, y la sociedad me dio esa posibilidad. Sólo he recibido en mi vida apoyo, colaboración, distinción, aprecio, colaboración de los demás”, expresó Fay por aquel entonces.

“Quedan pocas fábricas de antibióticos en la industria farmacéutica que sigan desarrollándolos porque, con el paso del tiempo, quizá, sólo se usen unos pocos o se use otra estrategia para combatir bacterias y no haya más antibióticos”.


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