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28-03-2017 / La historia de los Pfirter

Hermanos y embajadores

Rogelio y Ernesto son oriundos de la ciudad de Santa Fe y encabezan las delegaciones argentinas en el Vaticano y Cuba, respectivamente. En diálogo con Mirador Provincial repasan sus carreras personales y su presente como funcionarios diplomáticos.


Juan Chiummiento
redaccion@miradorprovincial.com


Cuando se los consulta a los hermanos Rogelio y Ernesto Pfirter sobre qué significa estar al frente de una Embajada argentina, ambos comparten la misma respuesta: honor. Para estos santafesinos -con pasado en el Colegio Inmaculada Concepción y fuerte apego por los colores de Colón-, ser los máximos representantes del país en el Vaticano y Cuba representa un altísimo valor desde lo personal y una responsabilidad mayúscula como funcionarios públicos. Mirador Provincial los entrevistó para conocer sus historias personales, su trayectoria y su presente como diplomáticos.
El caso de Rogelio resulta cuanto menos peculiar (“un juego borgiano”, según sus palabras): conoció al actual Santo Padre en la secundaria, cuando un por entonces joven Jorge Mario Bergoglio impartía clases de Literatura: “Desde mi juventud el hoy Papa ha sido para mí un faro de inspiración”, dijo quien hoy encabeza la misión permanente de Argentina en el Vaticano.
Antes de recalar en el microestado europeo, este abogado graduado en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) desplegó una exitosa carrera al frente de un organismo multilateral de control de armas de destrucción masiva, incluso coescribiendo un libro sobre el tema junto al ex presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. Antes, se desempeñó como embajador ante el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, entre 1995 y 2000.
Ernesto también posee una extensa trayectoria en el extranjero: desde que ingresó al Instituto del Servicio Exterior hace 40 años, ocupó cargos en Chile, Sudáfrica, México, Panamá y Turquía. En su actual cargo se encuentra desde mayo de 2016, donde despliega una intensa labor diaria, consecuencia del vivo intercambio entre argentinos y cubanos, tanto en los planos económico, cultural y consular.
Consultado sobre costumbres que trae desde su Santa Fe natal, se declara “fanático de los alfajores de mi ciudad y de un dulce de leche que se fabrica en Sauce Viejo”, al tiempo que se lamenta por no conseguir “uno que se hacía con stevia”. Asimismo, destaca al Che Guevara, Fito Paéz y Messi como los santafesinos con más reconocimiento en territorio caribeño.
—¿Cómo es su presente al frente de la embajada y cómo puede resumir su trayectoria?
—Rogelio: En el curso de mi extensa carrera diplomática tuve la oportunidad de representar a la Nación Argentina en diferentes contextos internacionales, ejerciendo funciones en el ámbito bilateral y multilateral, como así también cargos ejecutivos en la Cancillería argentina y como funcionario internacional al frente de un organismo multilateral de control de armas de destrucción masiva.
—Ernesto: Viví hasta los 23 años en la calle San Jerónimo entre Buenos Aires y Gral. López, en Santa Fe. Fui al Colegio de la inmaculada Concepción. Me recibí de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral. Hace 40 años ingresé al Instituto del Servicio Exterior por concurso público y desde entonces la diplomacia ha sido mi profesión. A lo largo de mi carrera he ocupado diversos cargos en la Cancillería y he vivido en Chile, Sudáfrica, México, Panamá, Turquía y actualmente en Cuba. Respecto a costumbres santafesinas, soy fanático de los alfajores de mi ciudad y de un dulce de leche que se fabrica en Sauce Viejo. Lamentablemente no consigo más uno que se hacía con stevia.
—¿Qué tipo de tareas realiza habitualmente, en su día a día?

—R: La función de representar a la República Argentina ante la Santa Sede, hoy guiada por un Papa argentino, es un gran desafío. En el marco de la política exterior argentina y de la excepcional circunstancia que determinó que el Santo Padre sea argentino, junto con el plantel de funcionarios que conduzco, nuestro objetivo es promover, fomentar y desarrollar con profesionalismo todo el potencial de la relación bilateral con la Santa Sede. Por último, asistimos a los funcionarios argentinos que visitan el Vaticano en el marco de una agenda de trabajo.
—E: El día a día es bastante intenso. La relación bilateral es importante para los dos países. En el campo económico somos proveedores fundamentalmente de productos agropecuarios, especialmente maíz, soja y porotos y le compramos a Cuba, productos farmacéuticos, medicamentos, ron, tabaco. El intercambio cultural es fluido, así como diversos proyectos de cooperación de gran significación para ambos países. La sección consular tiene mucho trabajo, teniendo en cuenta que anualmente, noventa mil argentinos visitan Cuba. Al contrario de lo que mucha gente imagina, el Gobierno cubano despliega una apreciable actividad protocolar. Recibe a
numerosos jefes de Estado, personalidades extranjeras y los diplomáticos acreditados tienen, en la mayoría de los casos, la posibilidad de interactuar con ellos.
—En particular, ¿cuál es el objetivo su gestión al frente de la embajada?
—R: El objetivo fundamental de mi tarea es representar al país y mantener las relaciones diplomáticas con la Santa Sede en un alto nivel diplomático. Es mi deseo poner toda mi experiencia al servicio de las relaciones entre la Argentina y la Santa Sede. Es mi función representar al gobierno nacional y los intereses argentinos de la mejor manera posible, tratando de promover y fomentar, dentro de ese marco, sólidas relaciones bilaterales y desarrollar todo el potencial en lo que hace a la relación con la Santa Sede, teniendo muy presente que la Santa Sede es algo muy especial por la indisoluble dimensión espiritual que tiene y porque el liderazgo del Papa es un liderazgo universal.
Sumado a ello, debe tenerse en cuenta que nuestro país es mayormente católico. Ello conlleva el respeto del pueblo argentino hacia la Iglesia y hacia el Santo Padre, el reconocimiento de su magisterio espiritual y de su influencia sobre nuestro país y el mundo entero. Personalmente celebro que se sigan consolidando y fortaleciendo los lazos entre la Argentina y la Santa Sede, así como con todas las otras naciones y con la comunidad internacional en el ámbito multilateral.
—E: Los objetivos de política exterior los fijan las autoridades de la Cancillería. Las embajadas ejecutan las instrucciones que reciben. En la confección de los objetivos e instrucciones para cada país se tienen en cuenta las opiniones de las respectivas representaciones argentinas. En la mayoría de los casos, los resultados positivos de muchas de las acciones que una misión diplomática realiza, recién se ven en el mediano plazo. Esto no quiere decir que lo inmediato no sea importante, sino que la mayor parte de la tarea diplomática es discreta y constante. En el caso de Cuba, cuyo Gobierno tiene una visión de la sociedad muy diferente a la nuestra, lo mejor para una embajada es llevar a cabo acciones del modo más profesional posible, donde medie la comprensión.
Eso vale también para los cubanos. Para impulsar el comercio, apoyamos con énfasis a los exportadores argentinos. En este sentido, posiblemente este mes, recibamos una misión comercial de empresarios santafesinos y representantes del Gobierno provincial.


Desde lo personal...
—Más a modo personal, ¿qué significa estar al frente de una embajada?

—R: La designación como Embajador argentino ante la Santa Sede tiene un altísimo valor desde lo personal. La particularidad como representante de esta sede diplomática es que tuve el honor de tener al Santo Padre como profesor de Literatura en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe y desde mi juventud el hoy Papa Francisco ha sido para mí un faro de inspiración. Parece un juego borgiano del azar convertirse en el embajador de su profesor del secundario convertido ahora en Papa. Esa es una simbología que me conmueve. El tiempo ha jugado para hacernos andar por distintos caminos y reencontrarnos en esta etapa avanzada de nuestras vidas.
—E: Es un honor defender el interés nacional y representar a nuestro país en el extranjero.


¿Cómo nos ven?
—¿Cómo creen que nos ven a los argentinos (y al país en general) desde sus lugares de residencia?

—R: Al momento de presentar mis cartas credenciales al Pontífice el pasado 22 de febrero de 2016, salí con la convicción profunda del amor del Papa por la Argentina. Es evidente que el Santo Padre es un argentino que ama a su patria, quiere lo mejor para ella y mira hacia el futuro de un país promisorio. Todo eso conlleva una gran responsabilidad, dado que la estrecha relación que el Santo Padre mantiene con su patria y su pueblo, atrae la atención internacional también sobre nuestro país. Sin lugar a dudas, su figura, como líder moral, ha llamado la atención internacional
sobre el país y sobre los argentinos.
—E: Existen fuertes lazos de amistad con Cuba, por lo que nuestro país representa, por su historia, por su cultura. En este contexto y más allá de lo que cada uno piense, el Che Guevara, nacido en Rosario, es una figura trascendental en la historia de Cuba. Existe una gran admiración por los escritores argentinos y por nuestro cine. Todos los años la embajada organiza una Semana del Cine Argentino. Entre los rosarinos famosos se destacan Fito Páez (sus presentaciones son siempre un éxito) y por supuesto Messi, a quien los cubanos admiran junto con Maradona, quien residió por un tiempo prolongado en Cuba.


“Parece un juego borgiano del azar convertirse en el embajador de su profesor del secundario convertido ahora en Papa. Esa es una simbología que me conmueve. El tiempo ha jugado para hacernos andar por distintos caminos y reencontrarnos en esta etapa avanzada de nuestras vidas”.
Rogelio Pfirter
Embajador argentino en el Vaticano



Existen fuertes lazos de amistad con Cuba, por lo que nuestro país representa, por su historia, por su cultura. En este contexto y más allá de lo que cada uno piense, el Che Guevara, nacido en Rosario, es una figura trascendental en la historia de Cuba. Existe también una gran admiración por los escritores argentinos y por nuestro cine.
Ernesto Pfirter
Embajador argentino en Cuba



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