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13-06-2017 / Osvaldo Ferrero, vicepresidente de Cruz Roja Argentina e Internacional

“Este va a ser el siglo de las migraciones”

Presentó las conclusiones del último informe anual sobre desastres con sus consecuentes desplazamientos humanos y víctimas, y advierte sobre la necesidad de invertir en acciones de reducción de riesgo. Una historia personal ligada a la organización humanitaria más antigua del mundo.

Nancy Balza
redaccion@miradorprovincial.com


En 2015, y en todo el mundo, 100 millones de personas fueron afectadas por desastres; 23 mil murieron por esa causa y 65 millones debieron desplazarse de su lugar de residencia. Todo eso ocurrió durante el año más caluroso desde que se tiene registro y con 32 grandes sequías en distintas partes del planeta. Los datos surgen del Informe Mundial sobre Desastres que elabora desde 1993 la Federación Internacional de la Cruz Roja, cuyas conclusiones fueron presentadas días atrás por Osvaldo Ferrero, santafesino y vicepresidente de Cruz Roja Argentina y de Cruz Roja Internacional.
Desastres y migraciones fueron los dos temas centrales de la conferencia que ofreció Ferrero en la Universidad Católica de Santa Fe, donde consignó que también en 2015 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados registró un aumento de desplazados forzosos de un total de 42,5 millones (más del 50% en cinco años) y que los migrantes representan el tres por ciento de la población mundial, lo que significa que aproximadamente una de cada 35 personas es migrante.
¿Para qué relevar todos estos datos? Para ilustrar el grado de conflicto y movilidad que caracteriza este momento histórico, llamar la atención sobre la importancia de invertir en prevención antes que en los efectos de los desastres y mostrar que en cada lugar de disputa está presente la Cruz Roja Internacional. Por ejemplo, en las 50 guerras que se están librando en el mundo.
De todo esto habló Ferrero con Mirador Provincial al día siguiente de presentar el informe, escrito por académicos y profesionales del organismo internacional, traducido a varios idiomas y distribuido en los países en los que tiene presencia. “Esto vino para quedarse”, repite a lo largo de la charla y alude al fenómeno social que se registra en todo el mundo y que lo lleva a definir que “este va a ser el siglo de las migraciones”.
Electo vicepresidente de la organización a nivel internacional en la reunión de Sidney (Australia) en 2013, Ferrero señala que “la Cruz Roja está en todo el mundo”, también en el Mediterráneo donde son miles de voluntarios y técnicos que están cubriendo todas las costas de los países europeos y también de “enfrente”, fundamentalmente de Libia, recibiendo a aquellos que intentan el cruce por mar. “Es una tarea muy difícil porque la gente viaja absolutamente desesperada, a través de medios de navegación que la mayoría de las veces son precarios, en forma clandestina y como parte del negocio que hay detrás de todo esto”.
“No sabemos la cantidad de personas que mueren en los intentos de cruce del Mediterráneo”, admite Ferrero, aunque la institución tiene puestos de recepción de España, Italia, Grecia y Turquía. “Contamos con dos barcos que están patrullando permanentemente el Mediterráneo en esa zona y que salva a mucha gente”.
Un cambio que vino para quedarse
“Siempre hubo migraciones. Lo que está ocurriendo ahora es un cambio en la historia de la humanidad”. En los últimos 5 años aumentó el 50 por ciento la cantidad de migrantes forzados; son personas que se van de su lugar de origen porque necesitan salvar su vida y para eso abandonan todas sus pertenencias. Ese porcentaje representa 42 millones de personas “que es como si la Argentina se moviera entera en cinco años”.
Los movimientos se producen por conflictos bélicos, grandes catástrofes -fundamentalmente grandes sequías- y hambrunas. “Hay migraciones temporarias, sobre todo en el norte de África donde existen muchos conflictos tribales y persecuciones. En esa región se vive en permanente tensión: miles de personas pasan años trasladándose de un país a otro y recorren grandes distancias llevando lo poco que tienen, hasta que algunos de ellos se cansan y toman una decisión radical. Esos son los que van a cruzar el Mediterráneo”.
También hay migraciones en la Argentina donde se incorpora población de países vecinos como Bolivia, Paraguay y Perú. Y efectos económicos derivados de los movimientos sociales, como ocurre con las remesas de migrantes que están radicados en Europa y anualmente envían a sus países de origen -fundamentalmente Guatemala, Honduras y Ecuador- 340 mil millones de dólares. “A su vez, cuando esos países de origen envían a sus migrantes están produciendo una posibilidad de mejora de desarrollo en los países europeos, que son viejos”.
“Este es un problema que vino para quedarse”, insiste Ferrero para evaluar que es necesario encontrarle una solución: “Cuando se inició hace unos años, en Europa surgieron casi como una cuestión de solidaridad las reacciones ofreciendo cupos, pero esto duró un tiempo. La realidad mostró que la llegada de tanta gente empezaba a conmover la cultura de las poblaciones locales y los servicios públicos de tal manera que los países empezaron a actuar en forma defensiva. Hoy, además de esa cuestión, los problemas de seguridad tienen un enorme peso. Lo que ocurrió en París, Manchester, en Kabul, justifica el temor que tienen muchos países de recibir migrantes”.
En este sentido, “lo que dice Cruz Roja es que deberíamos hacer un esfuerzo global entre los dirigentes políticos, los líderes de pensamiento, las organizaciones humanitarias, universidades y la sociedad civil para encontrar una solución. Hay mecanismos legales que se establecen en algunos países donde las cuestiones de seguridad se limitan porque se identifica bien quién es la persona migrante y de dónde viene, aunque tienen que tener la elasticidad suficiente para que no se transforme en una pesadilla para el inmigrante que también tiene sus derechos”.
Presencia mundial
Cruz Roja y Media Luna Roja cuentan con 165 mil oficinas en todo el mundo y reúnen alrededor de 100 millones de voluntarios, una cifra que varía “porque las emergencias producen una importante afluencia de ayuda”.
“Es la organización humanitaria más antigua y más fuerte del mundo, que hace 150 años acompaña la historia de la humanidad y estuvo presente en los peores momentos”.
Desde el trabajo cotidiano hasta la presencia en conflictos armados, “el objetivo es salvar vidas”, apunta Ferrero y señala un dato que grafica la situación de conflictividad actual: “La Cruz Roja es un símbolo protector, eso es lo que establecen los convenios de Ginebra que se desarrollaron a instancias de Cruz Roja Internacional y a los que han adherido la mayoría de los países del mundo. Sin embargo, cada vez más se transforma en un blanco sobre el que se dispara”. En este punto rescató el trabajo de los “héroes”, no solo de la organización a la que pertenece, sino también de bomberos, médicos, organismos de defensa civil y rescatistas asignados a países en conflicto.
“La mayoría son jóvenes y merecen un reconocimiento especial que no siempre tienen porque son cada vez más los héroes que no vuelven a sus casas”, concluyó.

Toda la vida

Osvaldo Ferrero, quien será vicepresidente de Cruz Roja Internacional hasta fin de año, conoce la actividad desde chico: “Mi madre pertenecía a la institución, así que en casa convivíamos con este organismo”. Él se incorporó en plena guerra de Malvinas, “porque, como todos, venía buscando qué hacer y encontré que aquí había mucho trabajo”. Entonces, era otro concepto de la Cruz Roja que luego se fue profesionalizando. Hoy es una de las cinco sociedades nacionales más importantes de América junto con Estados Unidos, México, Colombia y Ecuador.

Los migrantes representan el tres por ciento de la población mundial, lo que significa que aproximadamente una de cada 35 personas es migrante.

165.000 oficinas en 192 países tienen Cruz Roja y Media Luna Roja en todo el mundo.


La importancia de prevenir

El Informe Mundial sobre Desastres 2016, que elabora la Federación Internacional de Cruz Roja, lleva por título “La capacidad de resistencia y recuperación: salvar vidas hoy, invertir en el mañana”.
Tal como explicó Osvaldo Ferrero en su presentación en la UCSF, la edición presenta estudios y pruebas que demuestran la necesidad de aumentar la inversión en el fomento de la capacidad de resistencia y recuperación comunitaria, tanto antes de que estalle una crisis, como en la fase de recuperación posterior.
“Actualmente, alrededor de dos tercios de los gastos relativos a desastres se producen después de que éste ocurre. Esto sigue pasando a pesar de que está probado que la inversión en la construcción de la capacidad de resistencia y recuperación, antes de un evento, salva vidas y ahorra dinero”.
En este punto, aportó datos concretos: “Del total de tres billones trescientos mil millones de dólares invertidos en ayuda internacional entre 1991 y 2010, o sea durante 20 años, solo un 0,4 % se destinó a la reducción del riesgo. Eso equivale a 40 centavos de cada 100 dólares”. Además, dos tercios de los fondos se invierten después del desastre, quiere decir que de cada 100 dólares que se gastan, 70 se usan después del impacto”.
En 2015, casi 23.000 personas murieron víctimas de los desastres, una cifra alta que sin embargo es mucho menor a los 76.000 decesos promedio anual que por esta causa se produjeron en los últimos 10 años. La explicación puede encontrarse en los sistemas de alertas tempranas que se pusieron en marcha luego de los últimos tsunamis.




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