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22-08-2017 / Entrevista con Daniel Guida, economista

“La baja del dólar fue la votación de los mercados”

Es investigador y consultor económico. Interpreta el impacto económico de las PASO como “un voto de confianza de los mercados a Cambiemos”, y vaticina cierta calma del dólar hasta las generales.

Susana Rueda
redaccion@miradorprovincial.com


El doctor Daniel Guida es licenciado en economía, investigador, consultor económico y presidente de la Fundación Pueblos del Sur. Interpretó el impacto económico de las Paso como un voto de confianza de los mercados a Cambiemos, y vaticinó cierta calma del dólar hasta las generales. Coincide con los empresarios en la necesidad de una urgente reforma tributaria, y no vislumbra bajo este modelo un descenso de los niveles de pobreza. Dialogó en extenso con Mirador Provincial.
—El resultado de las Paso generó un impacto económico inmediato. Bajó el dólar. ¿Cuál es la interpretación?
—Tiene varias lecturas. Por lo menos hay una: que esta buena performance de Cambiemos a nivel nacional ha significado un impacto de confianza en los inversores y en los interesados en que la cosa continúe y se siga profundizando. La caída abrupta que tuvo el dólar obviamente no se corresponde con que los pequeños ahorristas fueron a vender sus ahorros, sino con que los los grandes movimientos de capitales especulativos dieron un voto de confianza. Yo diría que esa caída del dólar se corresponde con una especie de movimiento económico que acompañó el resultado electoral.
Cuando uno dice “los mercados” está hablando de seres humanos que desarrollan su forma de hacer negocios, y que expresan muchas veces una opinión política sobre lo que ha pasado. O sea la primera mirada para nosotros en la investigación es que esto significó otra votación: sería la “votación de los mercados”.
Veníamos con un proceso de crecimiento del dólar casi alocado: el Banco Central había perdido muchas reservas, tuvo que poner casi dos mil millones de pesos para que no supere los 18 pesos, y de pronto, de un día para el otro, baja. En una economía las condiciones objetivas no cambian abruptamente así, es evidente que juega mucho un sector de expectativas y por qué no un sector de la especulación financiera, que en la Argentina ha venido para quedarse. Habría que ver ahora cómo siguen los acontecimientos, pero es probable que tengamos dos meses, hasta octubre, de una relativa calma cambiaria.
—Sturzenegger dijo esta semana que la restricción monetaria va a continuar y que el Banco Central puede volver a subir las tasas de las LEBAC para controlar la inflación. ¿Qué expectativas e impacto genera eso?
—El miércoles vencían más de 535 mil millones de pesos en LEBAC. Era dinero que los inversores tenían prestado al gobierno y que tenía que devolver. La lógica expectativa es que gran parte de ese dinero pudiera cargar sobre el dólar. Justamente esta jugada de bajar violentamente el dólar frenaba las expectativas de que la gente hiciera eso. Sin embargo, el Banco Central no renovó todas las LEBAC y sólo logró 400 mil millones de pesos, es decir que 100 mil millones decidieron no renovar, no volverle a prestar al Estado.
Esto significa que puede haber otros intereses. Por lo tanto, la respuesta de Sturzenegger es: “Vamos a seguir manteniendo las condiciones restrictivas, si hay que volver a aumentar la tasa de interés para convencer a la gente que nos deje los pesos lo vamos a hacer”. Ahora, ¿qué repercusión tiene eso en la economía real? Porque si siguen las restricciones monetarias, el nivel de actividad económica no creo que se mueva mucho; si sigue el aumento de las tasas de interés es muy difícil concebir inversiones productivas.
Es decir, la respuesta de la economía en su conjunto, pero especialmente lo que nos interesa que es el sector real de producción de bienes y servicios, nivel de ocupación y demás, no va a sufrir muchas modificaciones y mucho menos positivas si el Banco Central mantiene esta política en función de la especulación que hay entre dólar, pesos y tasa.
—El gobierno quiere inflación del 1% mensual y pretende sólo 10 puntos en el 2018, sin anclar el dólar. ¿Se puede controlar la inflación sin control de cambios?
—Puede ser por un tiempo hasta que estalla. Argentina ya vivió este tipo de políticas, y esta es la ventaja que tenemos los analistas y que puede tener el público en su conjunto, que más allá de consideraciones de tipo político, como sería esta primera respuesta electoral, tiene que ver con posiciones reales de la economía: Cada vez que la Argentina intentó pensar que los problemas de la inflación son sólo monetarios, y se controlan sólo con variables monetarias, evidentemente el fracaso fue total. Si a esto le agregamos un anclaje del dólar, lo que ocurre es que frente a la realidad este dólar queda demorado en el tiempo, pierde competitividad, junto a la industria y demás, y esto forma un combo que termina como ya lo vivimos en el 2001.
Porque si fuera sólo eso y las demás variables funcionaran, habría posibilidad de equilibrarlas, pero para que eso ocurra el déficit fiscal tendría que desaparecer o achicarse, y el déficit fiscal ha crecido, y el gobierno lo financia con emisión de pesos, que después saca del mercado. O sea por un lado los ingresa porque los emite para pagar el déficit fiscal y por otro lado los quiere retraer. Son variables que forman un combo casi contradictorio. Es imposible pensar en estas restricciones monetarias, este “anclaje” cambiario, que no repercuta después en la actividad económica real.
—El análisis político habla de un respaldo al gobierno nacional a través de la votación, el gobierno habla de un aumento en la actividad económica del 4%, pero los negocios están vacíos y hay cierre de empresas. ¿Cómo se explica?
—Hay manipulación de la información, hay una presentación de la información que no es correcta y hay información que no es real. Ni con magia la Argentina puede alcanzar este año un 4% de crecimiento de la economía. Esto no quiere decir que haya algún sector que esté moviéndose en dirección positiva, esto también es cierto.
—La maquinaria agrícola, por ejemplo...
—Sí, pero también tiene un límite. No vamos a sembrar un 10 ó 50% más de superficie porque se necesita tanta maquinaria agrícola. Esto también mueve. Algunos sectores que derivan del campo, algunos sectores de la industria. pero esto no significa que podamos pensar que en 3 meses recuperamos la caída del PBI que tuvimos en 2016 para pasar a 4 puntos de crecimiento.
Muy optimista, muy manipulado, muy marketinera la idea. Con muchísimo respeto a mis colegas que están hablando de estos números. A algunos de ellos les he preguntado sobre qué bases objetivas se basan. Yo no lo veo. Si uno chequea la información internacional no lo ve tampoco el Fondo Monetario, no lo está viendo la CEPAL y demás. Esto no quiere decir que el PBI va a caer en 2017, ojalá que no y que estemos nivelando la caída que tuvimos en el 2016.
Pero en la economía real hay una caída del consumo, negocios que cierran, pérdida de puestos de trabajo, no hay creación de mejores puestos de trabajo. La capacidad instalada en Argentina no supera el 60, 65%. Si una industria, o el conjunto de las industrias está funcionando en este porcentaje de su capacidad instalada, el mercado interno está frenado, no hay aumento de la actividad económica, y no hay consumo, la pregunta es: ¿Quién va a venir a invertir en una industria que ya tiene capacidad en exceso?
Eso es un razonamiento de la lógica que entiende el almacenero del barrio. Si él tiene la estantería llena, ¿qué va a hacer, seguir comprando? Y si encima para comprar se tiene que endeudar, ¿quién va a venir a invertir? Va a seguir viniendo la inversión del capital fácil, financiero de corto plazo y especulativo, que está haciendo muy buenos negocios.
—El coloquio de Idea generó un respaldo al gobierno nacional. Sin embargo algunos cuestionaron la idea de un acuerdo bilateral con China y otros el de un acuerdo comercial con la Unión Europea (UE). ¿Cuál es la posición más conveniente?
—Yo creo que la Argentina debe comerciar con todo el mundo. La cuestión no es con quién comerciar, sino las condiciones en que se comercia. La Argentina debe ser una economía abierta en el buen sentido de la palabra y fue muy abierta durante el gobierno pasado, donde tenía críticas por ser cerrada, pero fue una de las economías más abiertas de los últimos 40 años.
Esto se mide así de fácil: es el monto de las importaciones y exportaciones sobre el producto bruto. La Argentina llegó a estar en el orden de los 140 mil millones de dólares de exportaciones e importaciones sobre el PBI.
Bueno, este año creo que no vamos a llegar a 60 o 70 mil. Entonces la apertura o no de la economía depende del volumen de exportaciones e importaciones. Y si queremos una economía abierta que se enriquezca, que ayude, tenemos que pensar en distintos convenios, que puedan ser bilaterales o multilaterales, pero siempre en defensa del interés nacional y de la industria nacional.
Acá de lo que se trata es de tener una posición de bloque, en el sentido de oferta y demanda. Por eso era tan interesante la idea de la integración como bloque, la idea del Mercosur, para negociar mejor. Argentina y Brasil juntos pueden manejar la soja del mundo. Pensemos lo que significaría un acuerdo serio entre Argentina y Brasil. Y esto es sólo un ejemplo. Cuando se ven esas diferencias de opinión entre empresarios, son bien sectoriales, y de representación de intereses no necesariamente nacionales. Hay que abrirse, pero con cuidado. Si vamos a negociar con China, para que nos vuelvan a invadir los productos industriales, la Argentina no va a poder competir nunca.
—Los empresarios reclamaban en el coloquio una reforma tributaria, que Cambiemos prometió. Pero la gente común también la reclama.
—Los empresarios la están pidiendo porque la presión es muy alta. Y la gente la está pidiendo porque es una locura que todos paguemos lo mismo, y que no haya diferencia entre el que puede y el que no puede. Es una situación en donde nadie está conforme, es perjudicial para todos, y sin embargo ninguna fuerza política todavía en Argentina se decidió seriamente a revisar la política tributaria.
Es el único tema en el cual no hay diferencias. El empresario tiene justa motivación, por las cargas laborales, las cargas fiscales, la doble imposición, esta idea de Ingresos Brutos, Drei, que van cargando sobre el precio final, y el impuesto al cheque. Lo que ocurre es que cuando no hay una actividad económica sólida, y no hay un modelo nacional que genere riqueza que se distribuya justamente, vienen estos descuelgues que se van metiendo todos juntos en una olla y que después nadie se anima a sacar de a uno. Por ejemplo, hay que bajar el IVA, y el Estado plantea a quién le cobramos lo que vamos a dejar de cobrar de IVA.
El impuesto al cheque fue un impuesto de emergencia, planteado en épocas de Cavallo y luego de Lavagna. Y se queda porque la recaudación por el impuesto al cheque es un importe enorme que recibe el Estado. Si lo saca porque distorsiona las operaciones, evita la bancarización de las operaciones, fomenta la economía en negro, con qué lo reemplaza.
Ni hablar del lado de la economía de la gente común: no es justo que el chico que limpia el vidrio en la calle pague el alimento lo mismo que lo pago yo. El impuesto indirecto que grava el consumo es de una injusticia social incalculable, porque hace que todos paguemos igual para comer algo, por ejemplo. Es elemental modificar ese impuesto. Si escuchás a la dirigencia política cuando hay campaña, todos hablan de reforma. Pero la realidad es que falta una reforma tributaria estructural, que debe ser realmente consensuada. Yo tengo mis dudas de que la reforma que está estudiando Cambiemos vaya a mejorar la justicia distributiva y a favorecer el crecimiento económico. Por lo que se sabe de los economistas que manejan esto, aunque aún ni siquiera hay un proyecto. Pero por lo que se ve no va en la dirección de resolver la contradicción de que paguen cada vez más los que menos tienen. Se vio en el inicio de la gestión, lo primero que hizo el gobierno, en lugar de ponerle un freno a esto de seguir cobrándole a los pobres, le regaló a los ricos, le devolvió las retenciones, le devolvió a las mineras. Y esto no es un slogan de campaña, es muchísimo dinero, que el conjunto de la sociedad deja de tener de quien lo puede pagar. Y esto no es estar en contra del campo, o de otros sectores. Esto es justicia distributiva.

Pobreza estructural y economía

—¿Hay margen para reducir la pobreza con este rumbo económico?

—Yo creo que no, habría que ver si el rumbo se mantiene o hay algún conjunto de medidas que puedan enderezar este barco. Hay cosas que son slogan que confunden a la gente: no necesariamente los procesos de deflación o de absoluta flexibilidad de precios traen aumento de la riqueza y la distribución. Nunca hubo mayor estabilidad de precios y casi hasta deflación que en la década de Menem. Y sin embargo la pobreza aumentó y llegamos a tener un 20% de desocupación.
Por supuesto que la inflación es mala, es un flagelo, pero cuidado: en el otro extremo de las ideas, y en la historia argentina se repitió varias veces, estos procesos de estabilidad supuestamente traen la riqueza y la distribución. Y no siempre el crecimiento económico en su conjunto genera una caída de la pobreza. Cuando la Argentina se manejó con políticas neoliberales, consenso de Washington, muchos de las mismas personas que hoy son centrales en Cambiemos lo aplicaron en ese tiempo y el resultado social fue muy negativo. Y nadie mejor que los rosarinos entendemos esto.
Llegamos a crisis muy serias, nos dijeron “comegatos”. Ese punto se fue produciendo al mismo tiempo que la economía crecía, al mismo tiempo que había estabilidad cambiaria, y no había inflación, y al mismo tiempo que la Argentina se endeudaba. Estos eran los componentes, y este el resultado social.
Me gusta tener una posición sana con respecto al gobierno democrático. Dios quiera que tengamos otras alternativas, y realizar otros cambios que nos permitan no repetir esa experiencia. Si eso se produjera, con la misma autoridad académica que te digo esto, te diría si tenemos resultados. Pero no puede haber resultados repitiendo esto. Como decía Einstein: no se puede hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.

“No es justo que el chico que limpia el vidrio en la calle pague el alimento lo mismo que lo pago yo. El impuesto indirecto que grava el consumo es de una injusticia social incalculable”.




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