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07-09-2017 / Está en el paraje La Escondida, cerca de Venado Tuerto

Los vieron reír: alumnos de una escuela rural ya tienen sus bicis

Es la Nº 81 Mariano Moreno. Un grupo de once alumnos recorre a pie varios miles de metros para llegar a clases. Una ONG consiguió bicicletas para que cada chico pueda ir a cursar.

Pablo Rodríguez
redaccion@miradorprovincial.com


Tal como se esperaba, la solidaridad pudo más que el sueño: los alumnos de la Escuela Rural C.E.R Nº 81 Mariano Moreno, en el paraje La Escondida -a 30 kilómetros de Venado Tuerto- recibieron lo que esperaban.
Es que allí diariamente, un grupo de once chicos recorre a pie varios miles de metros para asistir a clases. Hubo una gran movida solidaria para conseguir bicicletas y así que cada cada chico pueda llegar a cursar.
El pasado sábado 2 de septiembre al mediodía, se hicieron presentes los integrantes de la ONG Verte Reír, que con la excusa de festejar el Día del Niño. Viajaron especialmente desde Capital Federal para concretar la iniciativa que ellos mismos impulsaron. Martín Mosiewicki, Maia Wiernik y Sebastián Kahansky soñaron una idea y la hicieron realidad.
Los caminos son solitarios, silenciosos y áridos. No hay vidrieras para detenerse, ni distracciones más que la inmensidad del campo. Todos los días, ése es el paisaje de alumnos y docentes que concurren a La Escondida.
Adriana Rey es la directora de la escuela. Ansiosa y feliz, esperaba la llegada de los nuevos amigos que vendrían a pasar un sábado diferente. Pero no estaba sola. La acompañaban la maestra de jardín y la maestra de grado, un equipo que convive a diario con los once niños. También estaban con las maestras una asociación cooperadora que trabaja desde fuera de la escuela, pero con un solo y firme objetivo: que los niños se eduquen, que reciban los conocimientos, que se formen en valores, que compartan, que se diviertan y que sean felices. Se acercaba la hora de la bienvenida de los nuevos amigos con la sorpresa. A lo lejos del camino, esas nubes de tierra afirmaban que estaban cerca. Todos corren a recibirlos. Una mesa repleta de comida los espera también. Todos colaboraron en el festejo del día del niño. Afuera el viento implacable, como ocurre siempre en el campo, no cesa y nada es impedimento para la especial jornada. Transcurrió el agasajo a los viajeros y comenzó la entrega de los regalos.
Jonás, uno de los alumnos, recibió todo lo que los nuevos amigos de Verte Reír llevaron para él y sus compañeros. Juguetes para cada uno, golosinas para todos y la tan esperada bicicleta.
Esa alegría única
Jonás se subió a la suya con la ayuda de una de las maestras. Tenía una sonrisa que no le cabía en su cara. Tomó impulso y siguió, sin parar, hasta la entrada de la escuela. Giraban y giraban los pedales con una alegría inmensa.
Todos estaban más que felices y agradecidos con Sebastián, Maia y Martín por lo que lograron para los alumnos. Hoy la inmediatez de la vida nos dice que los jóvenes “están en otra”, que están en su mundo, rodeados de tecnología y confort. Pero no es el caso de los integrantes de Verte Reír.
Son tres jóvenes de nuestro país que se conmueven con las necesidades que pueden tener otras personas y eso los moviliza para poder ayudar. Como sea, con lo que sea, pensando un proyecto y concretándolo sin intermediarios, con el empuje de su juventud y la colaboración de muchos que los siguieron en un sueño más. Cumplieron este proyecto y resulta muy valorable que se sientan con ganas de estar junto a las personas que más necesidades tienen.
Felicidad de ida y vuelta
Mientras avanzaba la tarde Sebastián, uno de los integrantes de la comitiva mencionó: “Que sea una realidad nos deja más que felices. Con la suma de todos los que decidieron seguirnos, podemos decir que cumplimos un sueño más. Es una felicidad enorme la que nos llevamos. Cuando regresemos a nuestra ciudad y nos pregunten cómo nos fue, qué vivimos, creo que podremos decir que todo salió muy bien, pero dentro de nosotros en nuestra memoria, en nuestro corazón la alegría es inmensa. Ver la sonrisa de los chicos no tiene comparación, ver que están tan contentos ellos, sus docentes y sus padres nos llena el alma. Cada uno de nosotros se lleva una foto especial de lo que vivimos esta tarde”.
La escuela seguirá férreamente adelante a pesar de todo, porque cada día el grupo docente elige permanecer allí por los niños y niñas. Por sobre las carencias, las pocas comodidades o las complicaciones del clima. Más allá de la burocracia, de las distancias, de todas las adversidades que tiene una escuela rural en Venado Tuerto, en el sur de la provincia de Santa Fe.

La escuela seguirá férreamente adelante a pesar de todo, porque cada día el grupo docente elige permanecer allí por los niños y niñas. Por sobre las carencias, las pocas comodidades o las complicaciones del clima.



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