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05-07-2018 / Rincón musical

El paranaense Sebastián Macchi en búsqueda de un sonido propio

El pianista se presentó recientemente en Rosario con su nuevo proyecto, Sebastián Macchi Trío. Un espectáculo que nace de la amistad entre sus integrantes, como un trabajo “puertas adentro” que fusiona letra y música de una manera atenta.


Diego Montejo
redaccion-er@miradorprovincial.com


En esta nueva formación, al cobijo de su familia musical con Carlos Aguirre, quien por problemas de salud no pudo ser de la partida y fue reemplazado por el excelente bajista Fernando Silva junto a Gonzalo Díaz en batería, el pianista y compositor Sebastián Macchi, que supo musicalizar poemas de Juan Laurentino Ortiz años atrás -Luz de agua y Shagrada Medra-, presentó su producción más reciente de canciones nacidas en íntima relación con el paisaje de la ribera en su pulsar actual.

En un concierto íntimo repleto de colores y sensaciones, el músico pasó por todos los climas combinados por diversos estilos armonizados desde la pureza musical y la responsabilidad de hacer música con el corazón. Dos horas de show con una sala a pleno y con invitados ilustres como el cantante y compositor Julián Venegas y el guitarrista Claudio Bolzani, con quienes logró un cruce musical de profundo sentimiento.

Sin etiquetas de género, la música ribereña del trío se funde en orgánica relación con la palabra, creando atmósferas hondas, sutiles, rítmicas y que abren espacio, a veces, al juego y a la improvisación. Sobre la gira, el artista, oriundo de Paraná, dialogó con Mirador Entre Ríos.

— ¿Este espectáculo lo estás haciendo a la par de “Piano solito” o intercalás?
— A veces son los mismos circuitos y otras cada proyecto abre su propio camino. El trío tiene como eje la canción desde una mirada poética del litoral urbano de este tiempo. “Piano solito” es el nombre de mi último disco y es también un repertorio solista, de música instrumental, inclinado hacia el folklore argentino y latinoamericano.

— ¿Coincidís con la teoría de que menos es más en lo musical, no buscar las estridencias y lucirse con el sonido simple?
— Procuro una canción, una música nacida del corazón para mí y para compartir y eso, a menudo, conduce cierto despojo de artilugios y a no prestar tanta atención al efecto que cause en los demás. Sin embargo, también a veces hay algo que precisa ser expresado y busco atmósferas más densas, más intrincadas, pero es por necesidad expresiva, no es algo antepuesto. Cada nueva música en ese sentido es una oportunidad de tomar otro camino.

— Por ejemplo, grabaste una versión de “El Arriero”, un tema que tiene muchas interpretaciones, ¿cómo fue tu abordaje?
— Ese arreglo me llevó muchísimos años, la idea embrionaria nació de imaginar los pedregales, las sendas ásperas por las que el arriero va llevando su destino e intentar traducirlas en música. Pero el desarrollo vino después, como si fuese macerando. Confío y respeto mucho en esos tiempos creativos que tienen su origen en la intuición y que evolucionan hasta un plano más consciente. Es siempre una oportunidad de estudiar y de aprender.

— ¿Qué cosas tiene como características este trío? Por ejemplo, Aguirre es bajista.
— La dinámica grupal está dada por una cotidianidad muy sostenida, donde lo que se experimenta es una verdadera familiaridad. Por eso compartimos mucho más que la música y creo que eso de algún modo también suena. El “Negro” es un enorme maestro y es regalo de la vida hacer música junto a él, y a su vez comparte este espacio desde una humildad tan genuina que su gran don se diluye en el todo, en función de la música.

— ¿Considerás que hay otros circuitos aparte del de los festivales, creés que pertenecés a eso?
— Sí, me siento más a gusto en espacios despojados de tanta espectacularidad, donde uno se siente más en ronda que en la cima de un escenario. Pienso que la diversidad es propia de la naturaleza y que los mercados necesitan estandarizar para vender más fácil, pero es importante que el arte no se limite a estos marcos externos.

— ¿Qué importancia tiene para vos la música litoraleña en el contexto global de la música popular argentina?
— Noto un gran florecimiento expresivo, una mirada nueva de la cultura litoraleña, donde por supuesto maestros como el ‘Chacho’ Muller o Ramón Ayala han abierto caminos.

— ¿Qué diferencias y similitudes tiene este trío con Luz de agua, junto con Fernando Silva y Claudio Bolzani?
—Es continuidad en cuanto a la minuciosidad de los arreglos y a la búsqueda de una relación orgánica entre música y palabra. Por su formación -bajo, bata y piano- el trío abre otra paleta sonora, dando espacio a bases rítmicas más urbanas, el “groove” y la improvisación.

— Musicalizaste parte de la obra de Juan Laurentino Ortíz, poeta considerado como uno de los mejores por Saer, ¿cómo fue la idea y qué cosas te llevaron a abordar su obra?
— La fascinación por su poesía y su modo de ver el mundo me cautivaron desde los años de la escuela secundaria. Y de tanto ahondar en sus palabras, me fue sucediendo de cantarlas, de imaginarles una atmósfera musical. Así nacieron algunas canciones y luego, después un repertorio que empezó a cobrar un sentido en sí mismo y no sin pudor, decidimos compartirlo y cristalizarlo en un disco.




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