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11-09-2018 / Trail running

La ultra entrerriana

María Eugenia Challioll es la gran ultramaratonista entrerriana, con record nacional y actuaciones de relieve fuera del país. No obstante, más interesante aún, es la historia de vida de esta concordiense, que superó momentos críticos y encarna un espíritu de superación constante.

Luis Gómez

Hace 23 años, una infección casi se lleva su vida. Hace ocho, tenía 30 kilos de más y estaba desempleada.

Decidió bajar de peso y se preparó para una prueba pedestre. Fueron tan buenas las sensaciones vividas, que se propuso seguir en el running buscando mejorar cada día.

Y su vida cambió totalmente. María Eugenia Challiol no paró de sumar kilómetros a sus entrenamientos y carreras, y encontró en las de trail (por senderos) su hábitat. Hoy es la gran exponente en Entre Ríos de la multitudinaria modalidad y lleva la bandera argentina a los podios de organizaciones de jerarquía internacional.

Preparándose para el Ultra Maratón de Espartatlón (de 246 kilómetros, que recrea el trayecto del héroe ateniense Filípides en busca de ayuda de Esparta para luchar contra los persas en Maratón, en el 490 antes de Cristo), Euge frenó su marcha para compartir su historia con los lectores de Mirador Entre Ríos.

Arranque y determinación

“Mi primer objetivo en el running fue, con un sobrepeso importante, hacer mi primer Maratón de Reyes acá en mi ciudad. Me entrené casi un año, bajé casi 10 kilos y logré hacerla en 2011”, apuntó Challiol desde Concordia, rememorando sus inicios en el ambiente de las corridas.
Desde entonces, intervino en cuanta carrera pedestre tuvo lugar en la zona y, luego de varias, la curiosidad la llevó a querer correr una media maratón (21 kilómetros), por lo cual se sumó a un grupo de entrenamiento y en 2014 capturó su meta.

“Fue el punto de partida de una escalada sin pausa hasta lo que hago hoy”, reconoció la ultramaratonista, al proseguir con su relato.

En 2015 hizo el afamado Cruce Columbia, reto que une Argentina y Chile a través de la cordillera de los Andes.

“En aquel entonces pensé: si entrené cuatro meses e hice 100 kilómetros en tres días, puedo entrenar el doble y hacer esa distancia en un solo día”, continuó.

Dicho y hecho. A los 8 meses corrió los 100 kilómetros en Yaboty (Misiones) y resultó quinta en la clasificación general. Con el mismo razonamiento, se entrenó 12 meses e hizo 226 kilómetros en el Extremo Sul en Brasil, donde fue la segunda dama.

“Fui a una carrera más y me encontré rodeada de los mejores ultras de Latinoamérica. Ahí me di cuenta que el ultramaratón era lo que quería hacer”, definió.

Preparación en equipo

Al igual que muchos, Euge Challiol (42 años) comenzó a correr en la adultez. Empero, se crió en un club deportivo (Regatas), donde practicó varios deportes (tenis, pádel, natación, canotaje, remo y vóley).

“O hacías deporte o te aburrías”, soltó, junto a una carcajada. Ese antecedente le otorgó gran disposición al entrenamiento, como también –y pide lo mismo a sus colegas– el valor de la planificación de sus entrenadores y los controles periódicos de los profesionales de distintas disciplinas.

“Cada entrenamiento está relacionado con el próximo objetivo, evaluando la superficie y la altimetría que tiene, los horarios y circunstancias”, explicó al argumentar porqué es común verla entrenar bajo lluvia.

“Soy bastante rigurosa con las rutinas que me preparan los profesores Martín Segovia (running) y Diego Cabral (gimnasio). Entre los tres hacemos que todo funcione, sobre la base de la confianza y la sinceridad. Si uno de los tres falla, todo habrá sido en vano”.

“No solo se entrena el cuerpo, sino también la cabeza, los elementos de seguridad, temperatura corporal, alimentación, hidratación y la visión. En carrera, paso más de 10 horas corriendo de noche y la mente y la vista deben acostumbrarse a solo tener dos metros de diámetro de luz artificial”, completó.

En cuanto a asistir a los consultorios, agregó: “Es imposible correr sin tener controles médicos, no solo por salud personal sino porque las organizaciones te las exigen obligatoriamente”.

Así, se realiza estudios cardiológicos cada seis meses y concurre ante nutricionistas, kinesiólogos, quiroprácticos y cualquier otro profesional que necesite, ante alguna dolencia en particular.

El sostén de los más cercanos

El estilo de vida de Euge también es posible porque trabaja por cuenta propia y porque tiene un entorno que la apuntala. Sus hijos mayores, Lucas y Camila, estudian fuera de Concordia, y la menor, Miranda, queda al cuidado de su padre si debe viajar.

“Cuando eran más chicos, era imposible hacerlo porque estaba sola, pero ahora que son independientes puedo dedicarme a lo que me gusta. Siento que he cumplido con todos y ellos están felices, siguiendo mis locuras con placer”, compartió.

En cuanto a sus padres, ven su presente como un premio a lo que sobrellevó sola, según lo explicado al comienzo. “Sufren en cada carrera porque paso tres noches corriendo lejos de mi país, sola y sin comunicación, pero están felices porque yo lo soy”, resumió la runner.

Los hermanos y amigos también son parte de sus logros: “Me levantan cuando no tengo ganas, están pendientes, ayudan y tiran ideas constantemente para que no me sienta sola”.

La nueva meta

La concordiense ultramaratonista elige las carreras en las que participará cerca de fin de año, al delinear el calendario para el año siguiente. Lo primero que considera es la distancia; luego, el lugar y la seriedad de la organización. Finalmente, analiza los costos.

La mayoría de las carreras las hizo en Brasil (226K, 235K, 217K y 300K) y Paraguay (de 100K y 140K). En Argentina sólo intervino en Termas de Río Hondo, en un circuito cerrado de 1.300 metros durante 24 horas y donde gana el que recorre más.

Sumó 176 kilómetros, fue segunda en la general y logró el record nacional. También hizo la marca exigida para el Spartathlon (246K), al que califica como “un largo camino al cielo”.
Hace poco fue a Portugal (281K) y tuvo una de sus “mayores satisfacciones” al ver la bandera argentina al llegar a la meta como ganadora.

Se puede

Al dirigirse a quienes están iniciándose en el running o planean hacerlo, Eugenia Challiol dio sus tips.

“Primero: siempre hacerse controles médicos. Segundo: entrenarse con un profe de Educación Física. Tercero: siempre ponerse metas, a corto plazo y realizables, buscando subir la vara”, resumió.

Incluyendo un cuarto ítem, recomendó: “Nunca pensar ni decir ‘eso no es para mí’, o ‘tenés que ser elite’”.

Al despedirse, agradeció a quienes la acompañan desde sus inicios y pidió la sanción de una normativa que beneficie a quienes patrocinan a los atletas.

“En vez de que el Estado ayude al deportista, que lo hagan las empresas y todos saquemos algún beneficio”, propuso.

Experiencia más allá

La superación de límites ha ido de la mano con constantes pruebas de carácter para María Eugenia Challiol.

Los lugares por los que se desarrollan las carreras de ultra maratón tienen como denominador común la belleza de su entorno natural, pero también los accidentes geográficos y el rigor del clima.
La concordiense sacó una enseñanza de cada una de ellas y está presta para seguir sorprendiéndose.

“Una de las primeras que corrí hoy es mi amuleto: la de Paraguay, en junio de 2016”, eligió, al buscar ejemplos de esas experiencias.

“Fueron 100 kilómetros muy duros, atravesando cerros, con subidas y bajadas tan pronunciadas que cuando la terminé dije: ‘conocí el infierno’. Allí encontré mi límite físico; me senté dispuestas a abandonar, pero miré alrededor y no había adónde ir, así que no me quedó otra que seguir”, recordó.

“Desde esa carrera, cada vez que debo subir una cuesta, montaña o algo complicado me digo: ‘esto no es nada, comparado con ésa’, y automáticamente me reinicio y avanzo”.

Deslumbrante

Challiol ha soportado frío extremo o calor, hambre o sed, moviéndose por senderos en medio de paisajes fabulosos en soledad y en absoluta oscuridad, “corriendo a más no poder para encontrar a alguien”.

Tiene infinidad de anécdotas, como la vez que debió esquivar sillas y mesas en medio de un bazar en una carrera nocturna, o se encontró con esculturas al costado del camino y hasta un perro que caminaba a su lado pero ¡en reversa!

“Las alucinaciones provocadas por el cansancio al principio te asustan, pero pasan a ser anécdotas. He visto flota de colectivos en el medio del desierto y pequeños bomberos en la noche sentados en unas piedras. Es muy loco lo que vivís en cada carrera”, festejó, sonriendo.


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