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06-12-2018 / Importar ideas sustentables

“Es un proceso a largo plazo y el primer paso es educar a la ciudadanía”

El sueco Tommy Lindström, especialista en proyectos de desarrollo sostenible, compartió su experiencia y las estrategias que utilizan en el norte europeo para disminuir el impacto ambiental. El tratamiento de los residuos y el desperdicio alimenticio, los ejes de su concientización.

Tomás Rico
redaccion-er@miradorprovincial.com

El sueco Tommy Lindström llegó a Paraná en representación de la asociación eco-comunas de Suecia, que trabajan en conjunto con la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático (Ramcc), de la cual forma parte la Municipalidad paranaense, a través de la Subsecretaría de Ambiente Sustentable.

Lindström, quien es jefe de proyectos nacionales e internacionales de energía renovable y eficiencia energética por la Unión Europea, en su visita a la capital entrerriana dialogó con Mirador Entre Ríos y compartió sus conocimientos sobre energías sustentables y señaló estrategias que utilizan los países nórdicos de Europa para la disminución del desperdicio de alimentos.

En su visita a la provincia participó en Villaguay del lanzamiento de la Diplomatura de Energías Renovables de la Uader y también brindó una charla de concientización en Nogoyá.

—¿Hace cuánto se habla en el norte de Europa sobre sustentabilidad?

—Llevamos 40 años trabajando en ello y hoy no tenemos riesgos sanitarios.

—¿Desde qué lugar empieza la concientización?

—Desde los colegios. A través de diferentes métodos, que resultaron bien, buscamos hacer más concientes a los alumnos, con cursos y brindando información. Organizamos semanas saludables y eventos para que se entusiasmen.

—¿Cómo combaten el desperdicio de alimentos los países nórdicos?

—En el norte de Europa los restaurantes y los cafés venden platos sobrantes a la mitad de precio y los ofrecen a través de una app. Desde ahí los usuarios registrados lo piden y se los preparan para que lo retiren.

—¿Y esa estrategia tuvo aceptación?

—Sí, claro. En Dinamarca empezaron un proyecto hace tres años y hoy tiene 600 mil usuarios y 1.500 restaurantes adheridos en nueve países de Europa.

—¿Crees viable poder realizar estas experiencias en Argentina?

—Depende la cultura. En el norte de Europa ya estamos concientes porque hace 40 años venimos escuchando del daño ambiental. Entonces comprar un plato sobrante o ropa de segundo uso da lo mismo, pero en otros países es un símbolo de pobreza tener estas conductas. Esa mentalidad es lo que debe cambiar.

—Acá se ven muchas personas que comen directamente lo que encuentran en los contenedores de basura ¿allá se ven estas situaciones?

—Allá no tenemos tantas diferencias de clases sociales, todos pueden servirse un plato de comida todos los días y no hay necesidad de buscarlo en la basura.

Residuos y energías renovables

—¿Funciona la separación de residuos?

—Sí, los residuos domésticos se separan y se dejan en los contenedores de manera gratuita. Solamente la basura mixta (desechos compuestos por dos o más materiales) debe dejarse a parte y se debe pagar por kilo para que te la recoja el camión, pero se cumple tanto con la separación que sólo dos veces al mes tiene la necesidad de pasar el recolector.

—¿Qué obtienen a través de la basura orgánica?

—Obtenemos biogás y es obligación por ley que cada municipio lo haga. En mi región el año pasado, con el biogás producido con basura mantuvimos todo el transporte público. También usamos la incineración para que la basura se convierta en energía eléctrica. El almacenamiento de energía es el futuro y el biogás es lo ideal.

—¿Es cierto que tanto Suecia como Noruega tienen que comprar basura?

—Es verdad, nunca pensaron que los suecos iban a separar tanto, que hoy en día Suecia tiene que compran residuos Alemania, Holanda e Inglaterra para sostener las plantas de sustentación y generar energías. Mientras que los demás países deben invertir en vertederos y rellenos sanitarios para deshacerse de la basura.

—Y con los desechos que no se puede hacer energía ¿qué hacen?

—En Suecia el 0,8% de la basura va a disposición final, y está compuesta por residuos de concreto o cerámica, los cuales se usan para construir carreteras. Por eso realmente no hay desperdicio.

—En Entre Ríos la apuesta está encaminada hacia los rellenos sanitarios ¿cree que es una solución?

—Es una solución temporaria, pero a largo plazo no sirve. Se tiene que apostar a que los residuos sean separados en el origen, en casa.

—¿Las energías renovables pueden funcionar en esta región del país?

—Acá tienen todo: el viento, el sol, la tierra y los residuos. Pero los conocimientos ecológicos no se compran, por eso la idea nuestra es poder ayudar a que lo adquieran. Es un proceso a largo plazo y el primer paso es educar a la ciudadanía, y luego tener en claro qué es lo que se va a hacer con cada energía que podamos obtener. 

Acciones que incentivan

—Muchas ciudades europeas son halagadas por su limpieza urbana, además de la conciencia ciudadana ¿motivan de alguna forma a los vecinos para evitar la contaminación?

—Por las botellas o latas te dan plata, uno va a una máquina coloca su envase y recibe un vale para cambiar por dinero. En verano, por ejemplo, llegan familias completas a los balnearios para juntarlas y ganan una fortuna. Eso es una gran ayuda para que los espacios estén limpios.

—¿Las industrias también ayudan en este mecanismo sustentable?

—En algunos casos sí. En unos meses una cervecería de Dinamarca lanzará una botella vegetal, lo cual significa que si llega a la naturaleza se va a desintegrar en seis meses y no generará ningún efecto ambiental, eso va cambiar el mercado por completo.

A futuro

—¿Cuáles serán los próximos pasos a dar en el trabajo junto a la Red de Municipios?

—La idea es realizar un proyecto que traeremos desde la Unión Europea, en el que vamos a buscar los mejores ejemplos de Suecia y Dinamarca, y traerlos acá para explicarlos en charlas. Queremos hacer pruebas pilotos de iluminación Led y eficiencia energética en Entre Ríos y después expandirlo a los otros municipios del país.

—De uno a cien años ¿en cuántos cree que Argentina puede lograr lo que se hace en Europa?

—En 15 años. La tecnología y el conocimiento están a disposición y creo que hay que poner el pie y empezar, pero con decisiones políticas a largo plazo y decidirse a ser un país sustentable.

Si uno recuerda el caso de Singapur, 40 años atrás era uno de los países más pobres del mundo y en la actualidad es uno de los más avanzados gracias a las políticas sustentables.
En el norte de Europa ya estamos concientes porque hace 40 años venimos escuchando del daño ambiental. Entonces comprar un plato sobrante o ropa de segundo uso da lo mismo, pero en otros países es un símbolo de pobreza tener estas conductas. Esa mentalidad es lo que debe cambiar.

Tommy Lindström
jefe de proyectos nacionales e internacionales de energía renovable y eficiencia energética por la Unión Europea.

Escenario alentador

En Argentina se presenta un escenario positivo para el desarrollo de acciones que eviten el desperdicio de alimentos, a partir de la sanción de la ley 25.989 de régimen especial de donación de alimentos, que estuvo dos años en debate en el Congreso de la Nación.

En Argentina se desechan 16 millones de toneladas de alimentos por año, y paradójicamente, uno de cada cinco niños sufre algún grado de inseguridad alimentaria.

“Si pudiéramos rescatar sólo el 10 por ciento de lo que se desecha, alimentaríamos a 5 millones de personas que no tienen asegurado un plato de comida diario”, afirmaron desde la Municipalidad para remarcar la importancia del tema.

Un paranaense que experimentó el foodsharing

El foodsharing (compartir comida) es una iniciativa que nació en Alemania y se expandió a varios países europeos con el fin de evitar el desperdicio de alimentos y al mismo tiempo darle comida a miles de personas. Jairo Cuscueta, es un paranaense que vivió hace unos meses en Copenhague (Dinamarca) y pudo aprovechar las acciones que lleva adelante una ONG de la capital danesa. “La organización recolecta los alimentos antes que sean tirados por supermercados o diferentes tiendas, y los miércoles y sábados los dispone en dos lugares para que la gente vaya a buscarlos. Es comida que no está en excelentes condiciones, pero sí es muy buena”, explicó Cuscueta a este medio y agregó que para organizar el reparto de los alimentos, que en su mayoría son frutas, verduras y diferentes panes, se entregan entre 100 y 150 números con anticipación o en algunos casos es por orden de llegada.

“Es una fila totalmente ordenada con distintos canastos y simplemente uno pasa con una bolsa o caja y se lleva lo que desee. Sólo se ponen restricciones en el caso que haya poca cantidad de alguna fruta o verdura que sean caras”.

El servicio es gratuito y solo se pide una colaboración para cubrir gastos operativos. “Generalmente cada uno de los que va aporta entre 5 y 10 coronas (moneda danesa: 1 corona equivale a alrededor de $6). Una vez entre cuatro amigos nos llevamos en alimento el equivalente a 300 coronas”, destacó el paranaense.

También valoró la conciencia que genera esta iniciativa, “el foodsharing me hizo tomar conciencia de la cantidad de comida que se desperdicia diariamente. Es realmente algo que te vuela la cabeza, porque desde algo tan simple como recolectar comida que va a ser desechada, se pueden alimentar miles de personas”. Al mismo tiempo se sinceró y contó que “antes de vivir esta experiencia pensaba que ir a buscar comida regalada era de indigente porque uno está acostumbrado a eso, pero nada que ver, hay personas de toda clase y que piensan que entre todos se puede cuidar el alimento”.


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