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06-02-2019 / Danza

Felipe Bon, un entrerriano reconocido en la “Catedral del malambo”

El bailarín formado en Gualeguaychú tuvo el orgullo de representar a Entre Ríos en la final del prestigioso Festival de Laborde, en Córdoba, que se realizó a comienzos de enero.


Carlos Marín
redaccion-er@miradorprovincial.com

Pura estirpe criolla, el malambo es, en el mundo de la danza folclórica tradicional argentina, acaso su expresión coreográfica más enérgica.

Danza vital e intensa, propone una manifestación de destreza y vigor de los bailarines en sus floreos. Se distinguió por ser territorio exclusivo de hombres hasta hace poquísimos años atrás, cuando se abrió a la participación femenina.

Arraigada profundamente en ciertos ámbitos rurales y allegados a la cultura tradicional, esta danza se vincula a la llamada música surera o sureña y sus orígenes pueden rastrearse en La Pampa, con antecedentes a comienzos del Siglo XVII.

Como expresión de los habitantes del país profundo, caló hondo en el ámbito rural, como lo hizo la figura del payador. Ambos –malambo y payador– son dos referencias culturales vivas en el país. La presencia de payadores anima múltiples festivales y encuentros. Y en el caso del malambo, existe una cita anual que consagra a quien resulta ganador: el Festival Nacional del Malambo.

Este encuentro, que se realiza anualmente en enero en la localidad cordobesa de Laborde, tuvo su primera edición en 1966. Desde entonces gracias a la continuidad y al nivel de los jurados convocados cada año cimentó un prestigio que lo sitúa en el nivel de los encuentros más importantes en la Argentina, al punto que actualmente posee proyección latinoamericana.

Centenares de bailarines asisten cada año para exponer su talento y maestría en este ámbito que convoca a los mejores del país.

El festival no entrega premios económicos. Para los que acceden a la instancia final, se trata de un reconocimiento en el que la ganancia está en el respeto del resto de sus pares. Obtener el primer premio es un galardón que se menciona con orgullo y significa un logro consagratorio.

En la final

A lo largo de su historia, que ya lleva 52 ediciones, son bailarines santiagueños los que han sido distinguidos la mayor cantidad de veces con el primer lugar en Malambo solista.

Entre Ríos nunca tuvo un representante en lo más alto del podio, aunque ha llegado a la final, una instancia que para los entrerrianos que viajan a Laborde supone ya una conquista mayúscula. El nivel de la exigencia en la ronda final es superlativo y no hay margen para el error.

Esta vez, un entrerriano brilló en la ronda de finalistas de la edición 2019 del festival. Se trata de Felipe Bon, un panza verde de 35 años, nacido en Villaguay, pero que, señala, tiene sus raíces en el sur de la provincia. “Siempre digo que soy de Gualeguaychú porque de chiquito vivo en esta ciudad”. Felipe comenzó su formación en el estudio “Danzarte” de esa ciudad. Allí dio mis primeros pasos en la danza.

Al concluir una etapa formativa, continuó estudios y se perfeccionó de modo independiente con reconocidos bailarines y docentes del país, entre ellos destaca a Pablo Mentil, Jorge Caballero, Marcelo Blanco y Martín Ciares.

Papá de Constantino de dos años y casado con Cynthia, junto a ella dirige desde hace 10 años “Desde el Cauce” el Taller Municipal de Danzas Folklóricas de la localidad de Larroque.

En Gualeguaychú es docente de música y preceptor en una escuela secundaria. Además da clases
en un taller de Danzas Folklóricas a adultos, y en el 2018 comenzó a armar la escuela de Malambo “En Yunta”.

“Espero seguir trabajando, aprendiendo, creciendo y también compartiendo con otros esta danza que me apasiona”.

Felipe Bon, bailarín de malambo


Desafío

En una entrevista con MIRADOR ENTRE RÍOS, el joven destacó su vinculación con la danza y su apasionamiento por el malambo.

–¿Qué te cautivó del malambo y desde cuándo bailas?

–Desde que conocí el malambo, hace casi 20 años, supe que jamás lo abandonaría. Es una danza compleja y me genera el desafío de estudiarla, de vivirla como tal. Me cautivó ese reto de conjugar la voz propia, el encuentro con uno mismo, con la elección de un personaje que se estudia en profundidad, buscando la mejor manera de representarlo. Una puesta en escena comienza al momento mismo de imaginarte el personaje, armándolo, estructurando mudanzas, posturas, seleccionando el atuendo, los elementos y hasta los gestos, procurando fidelidad a lo que se quiere mostrar. Todo ello sabiendo que hay mucho de uno mismo que se deja al descubierto al momento de bailar, porque es una danza muy personal que al mismo tiempo busca representar a ese gaucho que no conocimos pero que, con todo el respeto, tratamos de homenajear.

–¿Cuándo decidiste participar en Laborde y cuánto hace que te preparás para este logro?

–Laborde es un festival al que los bailarines siempre queremos volver. Mi última participación había sido en el 2016 como integrante del conjunto de danza Estilo Entrerriano que obtuvo el primer puesto en esa edición. Me quedaba pendiente volver como malambista, así que luego de competir en el Pre Cosquín 2018 en el mes de enero, comenzó a gestarse este último proyecto y cuando llego la noticia de que Laborde incorporaría el rubro solista de contrapunto, definí que era el momento de intentar volver a ese escenario tan imponente para los bailarines de malambo.

–¿Esperabas obtener esta distinción?

–Siempre trabajo para dar lo mejor. Pero fue una sorpresa recibir la noticia de que llegaba a la final nada menos que con representantes de provincias que tienen tanta historia y trayectoria en lo que respecta al malambo, como por ejemplo Santiago del Estero y Salta.

Reconocimiento

–¿Qué aprendizajes les dejó esta experiencia?

–Confianza, en mí, en mi trabajo como bailarín y en consecuencia en mis herramientas como formador. Haberme enfrentado a tremenda cantidad de gente involucrada en el tema, y ser elegido como finalista por tan prestigioso jurado me da la pauta de que no estaba mal orientado, me da seguridad para seguir firme en mi camino.

–¿Cuál es la dificultad más grande que presenta el malambo a un bailarín que quiere interpretarlo?

–Desde mi punto de vista, lograr una verdadera interpretación es la dificultad real. La destreza física se consigue, como la consigue un deportista, pero lo que nos diferencia es que hacemos arte, tenemos que poder bailar y decir algo, conmover al que te mira. Creo que si cada uno busca desde sus características, desde lo que tiene para dar, no deberían existir impedimentos.

–¿Es una danza reconocida en nuestra región?

–El malambo poco a poco va tomando vuelo en nuestra provincia. Es importante seguir haciendo escuela para su difusión, espero que esta posibilidad que tuve de llegar a la final sea un generador de nuevos espacios, nuevos proyectos para motivar su expansión.

–¿Sentís que reconocen tu trabajo?

–Sí, creo que ha sido un trabajo de hormiga, pero hoy puedo decir que sí. El hecho de haber conseguido llegar a una final en Laborde, con la magnitud que este festival representa, es sin dudas un gran reconocimiento a mi trabajo, aunque el jurado solo pueda ver esos pocos compases en el escenario y no sepan de la labor previa.

Como formador, la respuesta de mis alumnos, el enorme compromiso de ellos y sus familias también son vividos por mí como un reconocimiento.

Como artista, el cariño de la gente, sus mensajes llenos de buenas energías, el apoyo del área de Cultura de Gualeguaychú, el interés por la difusión por parte de los medios de comunicación de la ciudad y de la provincia también me dan la pauta de que mi trabajo está siendo apreciado y valorado.


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