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29-03-2019 / Mariano Catoni

Escribir en Barcelona, soñar con Rosario

El escritor rosarino, radicado en Barcelona, sueña en dos países. Sueña que la ruta 33 es la Autopista del Mediterráneo, o que Piripincho habla catalán. En dialogo con Mirador Provincial, este cuentista sub 30, galardonado nacional e internacionalmente, habla sobre la nostalgia de vivir afuera, el oficio de enseñar a escribir, y acerca del panorama de la literatura argentina que se consume en España.

Álvaro J. Marrocco
redaccion@miradorprovincial.com


Mariano Catoni vive en un pueblo pequeño de montaña, a 40 minutos de Barcelona, España. Mucha educación civil y respeto a la convivencia hasta en los descuidos. Nada fuera de lugar, limpio, voluntarioso. Tocar bocina más de dos veces significa la ventana abierta de algún vecino y un: ¡si us plau! Se vive en calma, sin sobresaltos o imprevistos, todo funciona religiosamente bien. Sin embargo, para que eso exista, hay que pagar un precio. La nostalgia.

Mariano dice que siempre se ha sentido bastante romántico, y, como en todo romántico, la nostalgia es una seña de identidad. Esta nostalgia es tan grave como la que le provocaban, los camalotes del Paraná cuando los veía pasar. La nostalgia se convierte en una sustancia imprescindible para la creación literaria, porque ¿Qué es escribir, sino arañar recuerdos? “Pienso que todo esto de residir tan lejos es como la poesía, no hay definición racional para ello ni descripción posible, a la poesía accedemos a través de la experiencia poética, y a la distancia como forma de vida accedemos por una vía parecida”.

Un tal Mariano
Mariano Catoni (Rosario, Argentina, 1981) es escritor, periodista y docente. Hizo un año de Letras y luego dejó la carrera. Después pasó por un taller literario dirigido por la autora y docente Cristina Lescano, en ese taller aprendió infinidad de cosas, sobre todo a leer buena literatura y a descubrir las estrategias literarias de los autores consagrados. Por último, estudió periodismo en el ISET Nº XVIII, allí aprendió a juzgar la realidad con pensamiento crítico. Aunque agrega que hace tiempo que no ejerce el periodismo porque “Tenía la manía de colorear demasiado la realidad y acababa desvirtuando cualquier noticia”.

Entre sus libros de cuentos se encuentran: El acróbata de plastilina (2005) Felipe Flap (2007); Cante, Virginia cante y otros cuentos; La mala idea y Los otros nosotros. Sus obras han sido reconocidas y premiadas en varias oportunidades, tanto en Argentina como en España; (XXIX Premio de Narrativa corta “Felipe Trigo”, “IX Premio Internacional Tierra de Monegros”, “I Premio de Relato Corto ‘María Eloísa García Lorca’ de la Unión Nacional de Escritores de España”, “Premio El Quijote de Plata XXXIV”, “2° premio en el concurso CAM de cuentos ‘Gabriel Miró’ edición LVI”.

En lo que refiere a novelas, tiene en su haber: Las dos hermanas (2008), Máximas para un niño (2009), La rebelión de los románticos (2009) finalista de la “II Bienal de novela del ‘Premio Copé internacional Perú, 2009”, Un montón de plumas (2010), Sin gloria morir (2011); Las dos hermanas Finalista en el concurso de la CAM de novela corta Gabriel Sije; y El hombre que tocaba con soñar el piano (2011). Desde diciembre de 2010 está representado por la agencia literaria Página Tres de España.

La novela Sin gloria morir ganadora del XIV Premio de Novela Breve, Salvador García Aguilar (España) y publicada en EE.UU. por La pereza Ediciones y en Rosario, por la editorial, Ciudad Gótica, siendo la única que pudo presentar en su ciudad hace unos años.

“Soy poco fiel a mis obsesiones”
A la hora de escribir, Mariano dice poner atención a las problemáticas sociológicas: la inseguridad, internet, la soledad; aunque otras veces se ha ido a lo fantástico, a lo metafísico, a lo costumbrista, al realismo mágico, a la ciencia ficción. Y luego agrega: “Soy poco fiel a mis obsesiones”, pero podría decirse que existe una constante en los relatos o novelas que ha escrito. Y se trata de llevar al extremo, a la situación límite, todas las historias que escribe. “En algún momento, enciendo la mecha y todo estalla en mil pedazos. Caso contrario, a la basura”. Se define como un escritor fiel a la corriente contemporánea, porque siempre quiere contar algo para que el lector se pregunte por su propia realidad.

— ¿Cómo manejas el tema del lenguaje, optas por escribir en “argentino”, o trabajás la escritura con un castellano más “neutro”?
— Intento utilizar la variante nuestra, el argentino. No solo porque me siento cómodo y puedo aprovecharme de la riqueza de las expresiones que mejor conozco, sino porque -es curioso- hay ciertos razonamientos y maneras de percibir la realidad que solo son posibles en argentino puro y duro, sobre todo en la sátira y el absurdo, que son los géneros que cultivo. Una vez hice el experimento de escribir en el español de aquí, lo hice tan pronto como me fui familiarizando con la manera de hablar y de escribir de los españoles. Ese experimento se convirtió en un libro de cuentos. Tuve algunos comentarios de lectores de aquí de mucha confianza, incluida una agente literaria que tenía, básicamente me dijeron: En este libro tú no estás, precisamente lo que nos gusta es disfrutar de las expresiones de allí, de la espontaneidad que solo consigues cuando escribes en tu idioma. Y creo que tenían razón. Nunca más volví a intentarlo.

— ¿Cuánto hay de autodidacta en tu formación?
— Mucho, escribí alrededor de nueve libros para aprender a escribir, pero honestamente, escribí unos seis libros para lograr los siguientes tres. Si un maratonista entrena cuatro o cinco meses cada día, no significa que esa sea la carrera. Y así lo veo yo en lo que escribo. Algo como: gracias a la soltura que me permitió la escritura de una novela de trescientas páginas, pude llegar a tal o cual cuento breve de media página. Los resultados de este oficio, creo, han de ser siempre cualitativos, nunca cuantitativos.

“Al enseñar, hago públicas mis inquietudes y pasiones”

Mariano dirige Ytulibro.es y es docente en la Universidad de Alicante. A la hora de dar clases dice: “Me aterra pensar que, de pie frente a una clase, intentaré transmitir algún conocimiento. Pienso que la buena escritura debe generar dudas y un entusiasmo incontenible por la lectura en general, y una buena clase de escritura, lo mismo, dudas, todo el tiempo dudas que los alumnos deberán resolver con su propia realidad y, mientras tanto, un deseo incontenible de escribir literatura. Yo no escribo ni enseño nada, solo hago públicas mis inquietudes y pasiones y algunos, a raíz de mi carnaval mental, se entretienen leyendo, otros dicen que aprenden”.

En sus clases, imparte literatura europea y latinoamericana en partes iguales. “La literatura anglosajona, por ejemplo, me encanta para trabajar el conflicto dramático o la estructura de novela, pero en cuento corto contemporáneo suelo recurrir a escritores latinoamericanos. Literatura japonesa para abordar poesía, literatura española para las descripciones”.

La literatura latinoamericana es un sello de garantía. Aquí la literatura latinoamericana siempre es bien recibida por su color, por su frescura y porque es muy respetada. Gabriel García Márquez, entre muchos otros, no solo dejó su obra excelente, dejó una especie de sello de garantía en la literatura latinoamericana y nos hizo un favor enorme a las nuevas generaciones. Lo que viene del otro lado del Atlántico interesa porque muestra otras costumbres, otros personajes y otras propuestas estéticas, sobre todo si hablamos de un género tan cultivado en América Latina como es el cuento contemporáneo. El panorama es, por tanto, heredadamente bueno.

Consultado acerca de qué escritores argentinos se leen en España, respondió que los lectores más fieles al canon literario leen a Cortázar, a Borges y a Sábato. Por otro lado, hay un público lector de literatura comercial que suele aceptar las propuestas de firmas y sellos editoriales actuales donde circulan: Sacheri, Caparrós, Schweblin, Mairal, Piglia. En lo que respecta a su gusto, dijo: “A mí me gustan Saer, Conti, Juarroz, Cortázar, Bioy Casares, Storni, Anderson Imbert, Castillo, Borges, Gelman, Güiraldes”.

También dice que lee escritores uruguayos como si leyera escritores argentinos del interior, porque piensa que hacen una literatura muy similar y que les preocupan las mismas cosas, después agrega que tiene una estrecha sintonía con la cultura uruguaya: “Estuve viviendo en Montevideo casi un año”.

Fontanarrosa, Laiseca y Patricio Pron

En relación a los escritores rosarinos que fueron sus referentes, dijo: “Creo que, junto con Cortázar, Fontanarrosa es el mejor escritor argentino -y posiblemente del mundo- de diálogos. Es el auténtico maestro universal. Quien haya disfrutado -aprendido la teoría del diálogo- a partir de la obra de Fontanarrosa sabrá de qué hablo y no me culpará por dejar de mencionar a otros autores rosarinos como referentes.

Y en relación a los autores rosarinos de renombre en el mercado español, en palabras de Mariano “es bastante triste”. “De nuevo aparece Fontanarrosa, y habría que añadir a Laiseca y a Patricio Pron, pero paremos de contar. El motivo, creo, es evidente. ¿Cuántas editoriales de Rosario exportan sus libros a todo el mundo, participan en la Feria del Libro de Madrid, de Frankfurt, traducen sus libros a más de 30 idiomas y promocionan a sus autores con giras internacionales, ruedas de prensa, etcétera? Ninguna, en Rosario no hay editoriales de esa envergadura. Eso complica mucho la situación, pues para entrar en la liga mayor a los autores rosarinos les toca recibir apoyo de Buenos Aires o cruzar el charco”.

— ¿Qué extrañás de Rosario?
— Como la familia y las amistades son cuestiones obvias, te diré que lo que más extraño de la ciudad es su olor. Rosario no huele especialmente bien si lo comparamos con un campo lleno de árboles frutales o la espuma limpia del mar en una playa virgen del Pacífico. Pero el olor de Rosario, incluido el olor a cable quemado del trole y la grasa humeante de un choripán de domingo, es mío.




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