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07-04-2019 / Orgullo entrerriano

Un héroe sin capa pero con bata

De interpretar tangos en el Subte de Buenos Aires a salvarle la vida a dos turistas extranjeros que paseaban por el país. Así es la vida de Yamil Ponce, el médico de Libertador San Martín que también canta en los pasillos del Hospital Argerich. En diálogo exclusivo con Mirador Entre Ríos, el profesional de la salud repasó sus inicios en la música y en la medicina.

José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com

“Tengo diez de presión”, comentó María Elena desde el otro lado de la cocina, mientras Yamil Ponce se prepara para dialogar con MIRADOR ENTRE RÍOS. La conversación que se da entre paredes es la de una madre con su hijo, que anda de visita por la localidad que lo vio nacer y crecer: Libertador San Martín, departamento Diamante.

El cirujano cardiovascular, quien también es cantante de tango de la Línea D, en el Subte, se hizo conocido a nivel mundial por salvarle la vida a dos turistas extranjeros que paseaban por Buenos Aires. El primer caso fue el de Joe Wolek, de Estados Unidos, quien recibió más de 10 puñaladas, de las cuales dos le atravesaron el corazón y cuatro los pulmones. El hecho ocurrió el 8 de diciembre de 2017.

Este año, Christoffer Persson, de Suecia, recibió un disparo en su pierna tras un intento de robo. Ambos pacientes estuvieron al borde de la muerte y el entrerriano estuvo en el momento justo: la guardia del Hospital Argerich, donde se encontraron y forjaron una relación que sigue hasta el día de hoy.

–¿Cuánto te marcaron los casos de los dos turistas extranjeros a los que les salvaste la vida?

–Fue algo fuerte que me generó una sorpresa porque venía aplicando una técnica quirúrgica nueva desde hacía cinco años y que la había aplicado con éxito en varios pacientes. No era una técnica popularmente conocida y vi que si me guiaba de los libros no tenía tanto porcentaje de éxitos. Fui cambiando una cosita y después otra, de golpe me doy cuenta que casi toda la técnica estaba cambiada. De esta manera, tenía más probabilidades de éxito y una recuperación de un paciente con estas cirugías tremendas, que tienen rupturas en el corazón. El paciente a las dos semanas salió caminando y hasta hacía karaokes en casa. A nivel mundial, la técnica fue algo innovadora y me llovieron mails y mensajes de todo el mundo. Lo que al país le llamó la atención no fue eso sino algo más simple pero profundo y fue el hecho de que haya invitado al paciente a comer a casa. Van a pasar los años y nadie se va a acordar si eran cuatro o seis puñaladas, si eran cuchillos o tiros. Tengo una estrecha relación con ambos pacientes.

Realidad

–¿Dimensionás lo que hiciste?

–Veo que la vida pasa extremadamente veloz. Anoche le decía a mi mamá que pasan tantas cosas juntas. Yo trabajo en Buenos Aires, Estados Unidos, Qatar, doy conferencias en Argentina y otros países. Pero no caigo. Paro un momento en el día para meditar o para afilar el hacha como quien dice y agarrar más fuerzas, ya que atiendo muchísimos pacientes y trabajo en emergencias. El lunes voy a estar en una guardia de emergencias de cirugía cardiovascular y probablemente opere a alguien que hoy no sabe que se va a operar. Algo le va a suceder a esta persona que nos va a encontrar y conocernos. Trato siempre de cargar las pilas espirituales para poder brindar toda mi concentración y mi amor al prójimo, que en ese momento va a estar desamparado.

–¿Qué te genera volver a tu ciudad natal?

–Nací en Libertador San Martín pero me crié en San Nicolás (provincia de Buenos Aires), donde estuve hasta los 15 años. Después volví a estudiar medicina hasta el 2002, cuando me recibí en la Universidad Adventista del Plata. Esta ciudad me genera paz y tranquilidad. Si bien no soy de salir ni a la calle cada vez que vengo, me produce mucha alegría venir. Aquí se respira un clima que promueve la salud física, que ayuda a la salud espiritual y mental. Es un lugar donde uno puede tener más contacto con la naturaleza y con Dios. Meditar en algún momento del día y estar en contacto con la naturaleza es lo mejor. Yo vivo en Capital Federal y trato de tener todos los días ese contacto.

Vocación

–¿Cómo nace lo de la medicina?

–En realidad, en mi familia nadie es médico. Soy el primero. Mi padre es tornero mecánico y mi mamá peluquera jubilada. Todo comenzó con la visita al pediatra cuando tenía cuatro años. Recuerdo que me atendía con mucho amor y calidez, además de no usar estetoscopio. A él le gustaba poner un pañito en la espalda, se acercaba la oreja al pecho y me decía ‘tocé nene’. Esas son cosas que te van quedando, más que nada el trato y la humanidad que tenía este hombre conmigo, entonces dije: me gustaría ser médico o basurero. No fue fácil pero gracias a Dios fue posible.

–Es también la medicina una entrega hacia el otro…

–Es muy importante que el estudiante de medicina o estudiante de alguna carrera universitaria tenga que entregarle algo a la sociedad siempre. Es inadmisible que un estudiante de medicina espere a ser médico para ayudar a la sociedad porque el título no te va a cambiar en nada y debes arrancar desde antes. Si sabes tomar la presión ya tenés una herramienta poderosísima. Cuántas personas no pueden tomarse la presión porque no saben o no tienen el material. Y si no sé tomar la presión puede que tenga mejor vista que el viejito para ordenarle los medicamentos. Es decir, no es milagroso convertirse en un buen médico. Esto lo tenés que mamar de chico.

Empatía

–¿Cómo fue la anécdota de la guardia en Navidad y Año Nuevo?

–Me tocaban las dos fiestas estar de guardia. Yo soy muy creyente en Dios y si me tocaron las fiestas por algo será. Trato de hacer mi labor. Pensaba en que no estaba tan feliz porque mi familia está celebrando la Navidad y yo no estoy. Pero cuan peor se debe sentir la gente que está internada, enferma y encima no pueden pasar las fiestas con sus familiares. La verdad que no puedo quejarme por esto. Ese día traje unos tablones y caballetes y saqué a todos los pacientes afuera, en el pasillo. Muchos estaban con el suero. Cantamos algunas canciones, brindamos.

En Año Nuevo había operado todo el día. No tenía tiempo para nada y generalmente es así. Eran
las doce menos cuarto. Yo estaba en el quirófano todavía. Cuando llego a las menos cinco nadie había probado un solo bocado y todos me habían esperado para comer y brindar.

–Tu vida es similar a la del Dr. Patch Adams, quien con mucho humor animaba a sus pacientes

–Me acuerdo de esa película y la vi varias veces cuando era chico. El mensaje que quiero dar es que podemos dar amor sin ser médicos o cicatrizar una herida vieja que quedó, ser cortés, empáticos. Tenemos una sed grande de empatía. Aprendí muchísimo de lo que le pasó a Christoffer Persson, que perdió una pierna. A lo mejor si nos pasa algo así nos tiramos a la cama con una depresión. Este hombre me dio una lección de vida. Casi llorando le di la noticia de que iba a amputarle la pierna. Él me agarró la mano y me dijo: “Al menos sobreviví y voy a ser mejor que antes”.

–Llegás a Libertador San Martín y me imagino que siguen las consultas médicas, hasta en tu misma casa…

–Lo que tiene esta profesión es que realmente te tiene que encantar hacerlo porque si dividís la cantidad de trabajo que haces por la cantidad de dinero que ganás, obviamente que es una pérdida. Pero si lo haces de vocación te va a pasar al revés. En casa, por ejemplo, ahora estoy por medicar a mi mamá porque está con mucha tos.

Recibo unos 600 mensajes por día en las redes sociales. Trato de contestarlos aunque tengo a alguien que me ayuda para eso. El 90% de las consultas no son de cirugía cardiovascular sino “para que me escuche”. Una frase que se repite varias veces. Entonces veo que el arte de escuchar también sana. Me gusta que me pregunten pero también me genera un poco de ansiedad y me pone triste. La vez pasada me llamó una señora que se sentía morir por un problema gastrointestinal. No sé sinceramente cómo ayudar a todos.

La veta artística

–¿Cuándo comienza tu pasión por la música?

–A los 6 años comencé a estudiar música. Fue algo casi innato porque la acompañe a mi mamá que estaba empezando a tocar piano. Recuerdo que me había puesto a tocar lo que mi mamá sacaba y el profesor consideró que tenía aptitud. Estudie piano, guitarra, chelo, saxo, percusión. Empecé a aplicar la música con los pacientes, eso lo aprendí de la UAP (Universidad Adventista del Plata). Mi profesora acá era Susana Díaz, quien llevaba el coro de Libertador San Martín a cantarle a los pacientes. Susy es un pilar muy grande y sembró una semilla que floreció. Hoy canto en los pasillos del Hospital. Recuerdo que un día se contactó un músico profesional de guitarra para hacer show en restaurantes y teatros. Arrancamos del piso, es más, arrancamos por debajo del piso. Así que empezamos a cantar en el Subte y fue una experiencia buenísima. Siempre quise cantar en el Subte (Línea D Pueyrredón). Eso me fogueó mucho con la gente. De ahí saltamos al Festival Internacional de Tango con Susana Rinaldi y Raúl Lavié, entre otros. Nos invitaron a otros festivales y shows, nos llamaron de Viña del Mar (Chile), de Miami (Estados Unidos) para un show de tango, y de Taiwan.

–Andás de acá para allá por tu profesión, ¿Cuándo ensayas?

–En el auto aprendo un poco las letras. Como no tengo tiempo, entre cirugía y cirugía, viene el guitarrista al Hospital y con la ropa del quirófano ensayamos un par de canciones. Ya que vamos a ensayar, hagámoslo en el pasillo. Entonces la gente se va a poner más contenta y no creo que se ofendan porque el DO salió desafinado. La vida esta es muy rápida. Si me faltaron tres pacientes y me quedan 45 minutos, me voy al gimnasio más cercano a correr en la cinta.

–¿Cuál es tu tema preferido?

–Me gusta “La Bicicleta Blanca” porque da un mensaje tremendo. Es una metáfora del típico ciclista que anda cruzando las calles que no sabes de dónde viene y a dónde va pero que en algún momento de la vida alguien le quiere romper la bici. Eso es lo que vivimos en el país. El tema pertenece al escritor Ferrer y la música de Piazzola. A la gente también le gusta el tango “Nada”, “En tus brazos”, “Uno” de Mariano Mores. Trato de adaptarme a lo que la gente le gusta. Me encanta la cumbia pero cantando creo que ando mejor con el tango o el folclore. Si te subís al auto podés escuchar desde Chopin y Vivaldi hasta Rodrigo y Pablo Lezcano.

Decisiones

–¿Te arrepentís de algo que hayas hecho en toda tu carrera?

–Siempre uno toma decisiones buenas o malas pero lo importante es haber aprendido de las malas. Si me arrepiento de algo del pasado creo que no sería el mismo presente. Quizás esas cosas que me hicieron llorar, sufrir o esas cuestiones que no fueron las más acertadas hoy hacen de una persona de 40 años con más experiencia. De acá en adelante, hay que hacer lo mejor posible de este presente para crear un futuro mejor. No importa tanto de dónde venís sino a dónde vas. Mi objetivo es ser un médico bueno que es más importante que ser un excelente médico. Mi mamá siempre me decía: “Si Dios te dio la capacidad de soñarlo, te va a dar la capacidad de lograrlo”. No va a ser fácil pero lo importante es no dejar de soñar.


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